La verdad es que no era algo que hubiésemos planificado demasiado ya que en realidad en ningún momento se nos había ocurrido marcarnos como destino de nuestras vacaciones la
Bretaña Francesa, pero debido a que decidimos esperar a última hora al final nos encontramos con que no había plazas para aquellos destinos en los que si habíamos pensado, como
Egipto,
República Dominicana, etc, etc.
Fuese como fuese allí estábamos el lunes 30 de noviembre,
Luisma y
Yo, montados en una autocaravana y conduciendo dirección a
Francia a eso de las 10:30 de la mañana sin un rumbo fijo.
Nuestro primer destino fue
Périgueux, a 370 kilómetros de
San Sebastian, una pequeña ciudad de la
Región de Aquitanía con una población de poco más de 30.000 habitantes a la que llegamos a eso de las 15:00.

Decidimos hacer uso del
GPS que mi buen amigo
Ivan me había prestado y localizamos un
furgoperfecto, es decir, un punto marcado en el
GPS recomendado por otros usuarios de caravanas y furgonetas para parar y estacionar. Aprovechamos para comer allí tranquilos, aunque la verdad es que el sitio no era para nada del todo recomendable, se trataba de una especie de zona de aparcamiento a un lado del río junto a una fábrica de clavos o algo así, pero bueno, por lo menos había espacio para dejar la caravana y nadie que nos molestase mientrás aprovechábamos para comer.
Fue al salir de esta zona cuando habíamos terminado de comer cuando nos pasó una de las anécdotas curiosas del viaje, un hombre mayor que venía en coche nos paró para preguntarnos donde estaba el
Control Tecnique de Vehiculos, lo que sería la
ITV aquí en
España, cuando le explicamos que eramos turistas y que no eramos de allí se nos puso a hablar en castellano, según nos dijo él era español pero llevaba años viviendo allí. Casualidades de la vida, entrar casi 400 kilómetros en
Francia para que la primera persona que nos hable lo haga en perfecto castellano.

Luego aparcamos la caravana en un parking en pleno centro de la ciudad, cosa que no fue fácil por las dimensiones de la misma, y nos fuimos a dar una vuelta por el centro con el fin de conocer un poco
Périgueux.
Périgueux es la capital de la zona del
Périgord, se trata de una ciudad galorromana que esta clasificada como una Ciudad de Arte e Historia, siendo bastante famoso su museo
Vesunna obra del arquitecto
Jean Nouvel. Podéis acceder a más datos entrando
en esta página.

Durante un par de horas estuvimos visitando la ciudad, afortunadamente aunque durante el viaje no había parado de caer agua, durante la primera hora de la tarde la lluvia nos dió un respiro y nos permitió conocer la ciudad sin preocuparnos demasiado de las condiciones climatologicas.

Hasta que a las 17:00 más o menos decidimos abandonar la ciudad y poner rumbo a nuestro siguiente destino,
Rocamadour, a unos 150 kilómetros de donde nos encontrábamos.
Fueron unas dos horas de viaje en la que nos encontramos, sobre todo en los últimos kilómetros, con una carretera cargada de curvas y pendientes, hasta que finalmente llegamos a nuestro destino,
Rocamadour.
Según cuenta la leyenda difundida por los benedictinos,
Zaqueo de Jericó, llegó con su familia a estos parajes después de la muerte de
Cristo, tomando el nombre falso de
Amator o
Amadour fundó un pequeño oratorio en una roca que se llamaría
Roche d'Amadour, dando origen al actual nombre de
Rocamadour.
Actualmente es una de las principales atracciones turísticas de
Francia con más de un millón y medio de visitantes anuales. Se compone de siete santuarios, un castillo y una escalera monumental de 250 escalones que muchos peregrinos suben de rodillas a modo de penitencia.
Eso sí, os puedo avisar que de Noviembre a Febrero se encuentra el acceso al santuario cerrado, es por eso por lo que nosotros no pudimos visitarlo.

Aunque cuando llegamos ya era de noche y no había mucha luz decidimos revisar las zonas de parking que había alrededor del pueblo, la primera una justo bajo el castillo y el pueblo (en el margen izquierdo de la foto), la segunda en el lado derecho de la foto, junto al río y con un cartel de riesgo de inundación, así que haciendo caso del cartel y sobre todo teniendo en cuenta la lluvia que caía decidimos descartar esta opción.
Probamos suerte en otro camping que estaba a tan solo dos kilómetros y medio, pero no tenía ningún tipo de servicio, ni luz eléctrica, ni agua, ni baño, se trataba de una especie de descampado en el que además había que pagar por aparcar, así que decidimos volver al primero de los puntos revisados, a la izquierda de la foto.

Una vez habíamos aparcado la caravana decidimos dar una vuelta por el pueblo que se encontraba absolutamente desierto, y luego nos volvimos a la furgoneta (aunque ya sé que esta mal llamarla así) a prepararnos la cena y a descansar.