17 de Noviembre del 2008
Llegábamos a
Sydney, la ciudad de mis sueños, el lunes a las 6:15 de la mañana (diferencia horaria con
España, alli +10 horas) sin demasiado retraso. Después de recoger nuestro equipaje, sano y salvo después de tantos kilómetros recorridos pasamos los correspondientes controles de seguridad, muy estrictos además, hasta el punto de que mi pasaporte al ser tan nuevo les resultaba extraño, por lo que me pasaron a otro punto donde hicieron una inspección más profunda del documento con una maquina especial por la que pasaron algunas hojas del pasaporte.
Una vez realizados todos estos tramites cogimos el tren de cercanías que nos llevaba al centro de la ciudad (14,5 $ AUS cada uno) donde curiosamente nos encontramos con una chica de
Gerona que llegaba también a
Sydney a participar en una convención médica y con la que estuvimos conversando un poco durante el trayecto. Por cierto, nosotros nos enteramos tarde, al día siguiente, pero según los que vayáis es más económico y cómodo coger un taxi (desde el aeropuerto al centro entre 35 y 40 $AUS).
Nuestra estación
Central Station, en pleno centro de la ciudad y muy cerca del albergue donde teníamos hecha nuestra reserva, el
Railway Square YHA, una antigua estación de tren reconvertida en albergue.

En el mapa podéis ver para donde estaba ubicado el albergue, he marcado también donde esta el famoso edificio de la
Opera House de Sydney para que os hagáis una idea.

Una vez en el albergue presentamos nuestra reserva e hicimos pago de la habitación (148 $AUS) por los cuatro en una habitación para 8 personas, eso sí, haciendo uso del carnet de socio de la
Red Española de Albergues Juveniles, con el que conseguíamos un 10% de descuento en esta cadena de albergues, los
YHA.
Nos comunicaron que no podíamos hacer uso de la habitación hasta las 13:00, pero que no tenían ningún problema en guardarnos las maletas, así que dejamos las mochilas y nos fuimos a aprovechar el día dando una vuelta por la ciudad.

Bajamos por la calle
St. George, una de las principales avenidas del centro, hasta
Circular Oway, y aunque
Sydney es una ciudad grande y en la que había bastante gente en la calle, os puedo asegurar que para nada me dio la sensación de una gran ciudad agobiante o estresante, si no todo lo contrario.

Una vez estuvimos en la zona del puerto, a donde llegamos a pie recorriendo el centro de la ciudad, disfrutamos de las bonitas y famosas vistas de la
Opera House, donde logicamente aprovechamos para hacernos algunas fotos.

Además desde allí también había unas bonitas vistas del también famoso
Harbour Bridge.
Poco a poco y dando un paseo nos acercamos al puente, el cual además atravesamos a pie contemplando desde lo alto unas alucinantes vista de la ciudad que no tienen desperdicio:

Por cierto, por si a alguien le interesa os informo que hay excursiones en el puente en las cuales a uno lo suben debidamente equipado y atado con arneses por lo que es la estructura superior. Supongo que tiene que ser una sensación alucinante notar el fuerte viento que hay a esa altura sobre la cara de uno, pero nosotros no lo probamos. No tengo apuntado cuanto costaba, pero si no recuerdo mal andaba sobre los 150 o 170 $AUS.

Ya en el otro lado de la ciudad cogimos un tren que nos llevaba de vuelta al centro, parece que no pero a lo tonto llevábamos ya encima una buena caminata.
Parada en
Darling Harbour, donde aprovechamos además para tomar una cervecita y recuperar un poco las fuerzas sentados en una terraza.

Luego continuamos andando hasta el albergue, aprovechando además para atravesar
Chinatown y así poder ver otra cara de
Sydney. Una calle no demasiado larga llena de restaurantes orientales que sinceramente me defraudo un poco después de haber visto otras zonas parecidas en otras ciudades, como el
Chinatown de
San Francisco.

Ya en el albergue nos acomodamos en nuestra habitación, bueno, mejor dicho en nuestro vagón, porque en realidad nuestras literas estaban dentro de un antiguo vagón de tren reconvertido en habitación, pero no os asustéis, porque la verdad es que como podéis ver en la foto estaba muy bien el sitio, incluso tenia aire acondicionado, eso si, como en todos los albergues, el baño compartido fuera de la habitación:

Sinceramente tengo que decir que si alguien esta pensando en ir el albergue es totalmente recomendable, sobre todo por su situación, en pleno centro de la ciudad.
Tiene cocina, zona común para descansar e incluso piscina, aunque no os dejéis engañar por las fotos de su página web, es realmente pequeña y yo más diría que es un jacuzzi que una piscina.
Eso sí, si sois como nosotros un grupo de 4 o 5, yo intentaría coger una habitación normal de las que hay para 4 o 5 personas, el vagón tiene su cosilla curiosa, pero siempre es mejor tener algo de intimidad y no estar en la habitación con gente a la que no conoces de nada, como fue nuestro caso (nosotros cuatro, un alemán, un japones, una colombiana y un holandés).

Una vez duchados y cambiados salimos a comer algo al centro, esta vez en un
Kebab turco en el que
Seve no quedo muy satisfecho. A eso de las 17:00 hora local, las 7 de la mañana en
España, aproveché para hacer la llamada de rigor en la que comunicar a la familia que habíamos llegado sanos y salvos.
Para estas llamadas hay varias opciones, por un lado llamar desde el propio teléfono móvil (algo caro a mi entender), comprar una tarjeta prepago para llamadas internacionales desde las cabinas que venden en muchas tiendas de la zona, o como es mi caso, utilizar el servicio
España Directo de Telefonica.
Un servicio que yo ya había utilizado desde otros países y que me parece bastante económico. Tan solo hay que llamar a un número de teléfono, en
Australia al 1800 88 13 40, decir con que número de teléfono queremos hablar y luego nuestro nombre (te atienden en castellano), y cuando en este número que hemos dado aceptan nuestra llamada podemos hablar tranquilamente siendo el receptor el que paga la llamada. Eso sí, para poder utilizar el servicio el que recibe la llamada debe ser usuario de
Telefonica, si no es imposible.
En algunas cabinas hay que meter una moneda para poder hacer la llamada al número que he dado, pero en estas de
Telstra, la compañía más fuerte el país por lo que pude ver, no hacia falta meter ninguna moneda, simplemente marcando el número bastaba.
Después del paseo por el centro y de haber comido nos volvimos al albergue, eran ya las 18:00 pasadas del lunes, y a lo tonto llevábamos desde el sábado a la tarde durmiendo en aviones y aeropuertos, así que estábamos algo cansados y había que recuperar fuerzas para el día siguiente, día en el que volaríamos otros casi 3000 kilómetros hasta
Ayers Rock.
El próximo martes la tercera entrega, espero que os haya gustado y que los datos ofrecidos puedan servir a la gente que pretenda organizarse un viaje por la zona.